Como cuando éramos niños

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Cuando niños no podíamos esperar a “ser grandes” y ahora que lo somos, ya no queremos serlo. Crecer es una mamera. Realmente ¿qué tiene de bueno? Sí, supongo que ahora tienes la anhelada “independencia” que tanto querías cuando tus papás te mandaban a dormir a las 9 de la noche, pero ¿es todo lo que esperabas? Veamos algunos aspectos de ser niño que le dan en la jeta a eso de ser “un adulto responsable”:

Todo era más sencillo pero más bacano: Parece obvio, pero creo que muchas personas nunca llegan a apreciar la sencillez y capacidad de asombro con la que se vivía de niño; de hecho, ser un niño es como estar trabado en la medida en que TODO te parece una putería. Los recuerdos de infancia son impactantes precisamente porque al ser novedosos, suscitaron una reacción emocional en nosotros que se quedará para siempre. Por eso te acuerdas la primera vez que fuiste a Disney y no de tu octava experiencia sexual por más de que si te ponen a escoger, elijas sexo por encima de parcharla con un pendejo vestido de Tribilín (o Goofy, pa los agringados). Además, a esas edades, tu única función era la diversión. Todos los días se aprendía algo nuevo, podías subsistir únicamente comiendo gomitas ácidas y los sábados en la mañana eran sinónimo de horas de programación diseñada específicamente para vos. Hoy en día vives para trabajar, crees que te las sabes todas, no puedes vivir sin sal de frutas y los sábados en la mañana son para pasar el guayabo de los tragos que bebiste el viernes en la noche para escapar tu miserable vida. Infancia 1- Adultez 0.

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(Pirámide alimenticia de la infancia)

La muerte no existía: O más bien, existía pero era algo lejano, ajeno a nosotros. Tal vez era culpa de los dibujos animados, en donde el Coyote se podía caer de un peñasco dándose culo de porrazo y salir caminando relajado (aunque con la trompa hecha un acordeón) o donde Gokú se moría cada 8 días únicamente para volver más aletoso que nunca, pero la fragilidad de la vida era algo en lo que no había que pensar. Si por alguna razón algún pariente se moría, uno todavía creía que el concepto del “cielo” era algo plausible y por lo tanto no se preocupaba demasiado por ello; o, si alguna mascota sufría un accidente, bastaba con que tus papás te dijeran que “se lo llevaron para una finca” u algún otro lugar paradisiaco, para que dejaras la lloradera. A mi me cuentearon con que mi perro había quedado con avanzadas prótesis robóticas, como una especie de Robocop peludo. Lo admito, no era el más listo de los niños.

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(“Claro Kiko, tu perro quedó como nuevo…ahora solo hay que cambiarle el aceite de vez en vez.”)

El amor se basaba en el amor, no en el sexo: Esto sí que era un aspecto grandioso de la niñez. En esa época, antes de que empezaras a pensar con la verga, aún tenías una idea pura del “amor”. Si te gustaba una peladita era porque (aparte de parecerte “linda”), te suscitaba alguna especie de emoción desconocida que vos asociabas con el imaginario de “y vivieron felices para siempre” con el que te habían adoctrinado; algo mucho más significativo que el raciocinio de “pues está buena y no es TAN perra” que te haces hoy en día cuando tratas de justificar por qué estás saliendo con alguien. Por si esto fuera poco, como no pensabas en sexo eras mucho más inteligente. Yo no sé los demás, pero en mi caso cuando me bajaron las guevas, se llevaron consigo mis notas.

Ah, el amor joven.

No es de extrañarse entonces que haya gente que de una manera u otra se niegue a madurar y termine haciendo las ridiculeces que acompañan las crisis de mediana edad y demás “crisis” de edades que se están viendo hoy en día. Pero ahí es donde está el error, madurar no es lo mismo que crecer.

Crecer (o envejecer) es algo que te va a suceder sí o sí, mientras que madurar es cuando reconoces que has cambiado pero que no necesariamente tienes que dejar de ser la persona que eras. Claro, se va a ver extraño que tengas treinta y tres años y hagas piyamadas con tus amigos, pero todo es cuestión de identificar qué es lo que realmente extrañas de esos momentos. ¿Es la piyamada como tal o el hecho de poder compartir con tus amigos con una honestidad con la cual hoy en día ya no puedes hacerlo? ¿Es el garabatear en tus cuadernos o el hacer algo creativo? ¿Es el comer gusanos o…? Para este no tengo nada, pero entienden el punto.

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