(in)Maduro

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Iba a hablar de la situación en Venezuela. Iba a hablar sobre la lúgubre realidad socioeconómica que padece nuestro vecino país. Iba a hablar del horroroso calvario de inseguridad que muchos de los ciudadanos Venezolanos viven diariamente, a escasas millas de nuestras fronteras. Iba a hacer un discurso de solidaridad para con el pueblo venezolano, forzado a soportar el yugo de una dictadura llena de ridículos personajes cuasi garciamarquianos. Pero luego de casi una hora de ardua investigación en internet durante la cual leí como cinco artículos (lo cual según estándares de charlatanería web me convierte en experto en el tema), me encontré con esto:

IBA a hacer un artículo serio sobre Venezuela… pero si Maduro se quiere meter con el hombre araña, mi superhéroe favorito, prefiero meterme exclusivamente con el actual presidente de nuestro país hermano. Aprovechando también que como no estoy EN Venezuela, puedo hablar libremente de este gaznápiro sin temer que su Gestapo llegue a censurarme…

Como si se tratase de una película de Adam Sandler, Nicolás Maduro pasó de ser busetero a presidente de un país. Y desde entonces (como en las clásicas películas de Adam Sandler) no ha parado de hacernos reír con las estupideces que dice.

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(Maduro en sus días de busetero)

Pero no todo ha sido color Palacio de Miraflores para nuestro regordete, al tipo no le ha tocado fácil. Recibió al país en una abismal situación económica y además tuvo que suceder al caudillo latinoamericano más carismático desde Don Francisco. Muchos dudaron de su inteligencia y preparación porque ¿qué se podía esperar de un ex ministro de relaciones exteriores que jamás se preocupó por aprender otros lenguajes? Pues poco o nada; que es exactamente lo que ha hecho de Presidente.

Los demás líderes mundiales lo miran por encima del hombro, y no puedo decir que los culpo porque sinceramente tiene más porte un perro de taller que Nicolás Maduro. Debe ser que es difícil tomarlo en serio cuando se parece tanto al estereotipo del hombre latino de la tele gringa. ¿Lo han visto en compañía de ministros de otros países? Estoy seguro de que mientras Maduro se pega su discurso esos extranjeros se lo imaginan vistiendo un poncho, bailando el jarabe tapatío alrededor de un sombrero mexicano gigante, con un racimo de bananas en el bolsillo trasero, apestando a tequila y windex. Por mi parte, juro que siempre que aparece en televisión siento que voy a ver un comercial de Ricostilla.

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(No, no son Maduro y su mujer, prometo que sencillamente puse “estereotipo latino” en Google y salió esto)

Uno pensaría que después de una inflación incesante, de tantas bobadas e inseguridad, sería fácil bajar a semejante pendejo de la presidencia. Pero uno va a ver y no. Por ejemplo, aquí en Colombia muchos piensan que es que Maduro ganó las elecciones contra Capriles únicamente porque se las robó y eso no es cierto. Es decir, sí, se las robó; pero eso no fue la única razón por la que ganó. La verdad es que una gran parte del país realmente votó por Maduro, y esa parte del país tiene sus razones válidas de haberlo hecho.

Es normal que gran parte del proletariado venezolano aún apoye a Maduro porque siente que los representa, y que aunque sea malo, es mejor que la antigua alternativa: presidentes aristocráticos que únicamente se preocupaban por las necesidades de la élite. Pero mierda, aquí es donde yo pregunto, ¿tiene todo que ser así de extremo? ¿En realidad creen que tienen que escoger entre un plutócrata ambicioso y un petardo analfabeta? Es como si hicieran unas elecciones y las únicas opciones fuesen el Señor Burns y Homero Simpson. ¿Dónde coño quedó el punto medio entre estos adefesios?

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(¿Estas son las únicas opciones? ¿A lo bien?)

Ahora, esto no quiere decir que Maduro sea intocable como sí lo era Chávez; aquellos que sueñan con la destitución del actual presidente de Venezuela tienen razones de peso para creer que esta vez las cosas sí se les pueden dar. Pero las razones no tienen que ver por el tamaño de estas protestas (siempre ha habido protestas en Venezuela y rara vez cambian algo) sino porque, como sugerí en un principio, no es lo mismo este presidente/dictador que el anterior.

Comencemos porque si Maduro fuera tan popular entre el pueblo venezolano como él cree que es, sus seguidores se llamarían “Maduristas” y no “Chavistas” como se siguen denominando por amor al fallecido comandante. De hecho es vox populi que a Maduro le quedaron grandes los pantalones de Chávez, lo cual sucedió no porque estos fueran pantalones de payaso (lo eran), sino porque a Nicolás Maduro le falta algo que a Hugo Chávez le sobraba: cojones. Petróleo también, pero más que todo, cojones.

Chávez decía estupideces, claro. Pero era porque estaba chiflado y se las creía. Por eso las decía con la terca convicción que solo se le oye a los locos. Maduro, en cambio, pareciese conocer el discurso pero no estar ciento porciento seguro de a dónde va con todo esto. Cuando dice pendejadas, la voz le tiembla casi imperceptiblemente con la inseguridad propia de los imbéciles cuando saben que la están cagando. Incluso hay momentos en los que pienso que el man va a parar en la mitad de su discurso, va a soltar una risa estruendosa y va a decir “mentiras marica, era jugando. A lo bien, ya me bajo de aquí”; todo porque Maduro hablando se parece al estudiante que no hizo la tarea pero que es labioso, ese que a la hora de presentar dijo “a la mierda, improviso”. Y así lleva años, improvisando. Diciendo pendejadas, hablando vagamente y yéndose por la tangente para que no le pongan cero, aunque todos sabemos que no tiene ni puta idea de lo que está hablando… irónicamente un caso muy parecido al de George W. Bush.

En conclusión: a la mierda Maduro, su bigotico porno setentero, su porte de tío, sus sudaderas cacorras, sus pajaritos reencarnados, sus penes multiplicados y su ignorancia atrevida.

Y sé que dije que no iba a decir esto pero recen por Venezuela y el bienestar de su gente, quienes ojalá nunca tengan que padecer al Duende Verde porque al frente tienen a un necio que ya le dio la espalda a Spiderman.

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