¿Perros o Gatos?

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(“Tonz qué mami, ¡veni te gasto una Pony Malta y un buñuelo!”)

Una película me hizo caer en cuenta de algo, ¿por qué le tratan de perros a los hombres infieles y promiscuos? ¿Acaso no son los perros la viva estampa de la lealtad? Por eso son el mejor amigo del hombre, ¿no? Claro, entiendo el punto, se arrechan y se vuelven insoportables pero me parece que si quieren ser más precisos deberían llamar gatos a las personas promiscuas. Déjenme elaborar un poco.

A diferencia de los perros un gato sí puede ser bien mierda: quiere que lo consientas un segundo y el siguiente te araña sin misericordia; puede perderse por días y luego vuelve a aparecer queriendo comida, amor o un lugar donde dormir; un gato literalmente le hace daño a una gata cuando se la come; y además ¿hay algo más intenso que un gato buscando a una gata en calor? Ahora sí, díganme que eso no se parece más al “perro hijo de su madre” con el que salieron en el colegio.

Pero más allá de este argumento semántico hay una pregunta: ¿por qué les gusta a los hombres el ser promiscuos? Aclarando que no soy un sexólogo ni sicólogo ni ningúna clase de –ólogo, quisiera tratar de responderles esta incógnita desde mi punto de vista, que aunque no sea el mismo de todos los hombres, por lo menos tendrá ciertos puntos en común. No por nada mantienen diciendo ustedes mismas que todos somos iguales.

La primera razón es tal vez la más ignorada pero, creo yo, la más válida; es la simple biología. Entendamos que estamos hechos de diferente manera y que, por lo tanto JAMÁS podremos comprender lo que un miembro de otro sexo sienta en momentos determinados. Los hombres, por ejemplo, tenemos una necesidad inherente de esparcir nuestras (no pocas) semillas al mayor número de mujeres posible, mientras que ustedes nacen y mueren con el mismo número de óvulos a fecundar y por lo tanto tienden a ser infinitamente más selectivas a la hora de permitir que un candidato ocupe esos “espacios limitados”. Es como si nosotros fuéramos vendedores de autos usados en peligro de bancarrota y ustedes un comprador precavido, necesitamos que nos compren el producto a como de lugar y haremos LO QUE SEA NECESARIO para cerrar la venta.
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(Y Vos creíste que te veías como James Bond echando perros).

Ustedes no logran dimensionar la arrechera de uno porque como no tienen guevas no saben que las guevas son en realidad el hogar de millones y millones de voces que te gritan “¡cómetela!, ¡ cómetela!, ¡ cómetela!” cada segundo de cada minuto de cada día.

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(El proceso no siempre es justo)

“¡Que excusa tan cula! ¡Si nosotros nos arrechamos también! ¿Acaso somos de palo? ¡Pfffft!” Obviamente que ustedes se arrechan también y bastante…¡pero NUNCA al nivel que podremos llegar nosotros! Decir que ustedes se arrechan igual que nosotros sería como decir que nosotros entendemos el dolor de un parto porque nos pegamos en la canilla con la esquina de la mesa.

(Aún así prefiero eso antes que un parto, gracias.)

Francamente, es insultante así que dejen de esgrimir ese argumento de que “nos entienden”. La próxima vez que piensen que nos arrechamos igual piensen que a los hombres nos trastorna tanto la arrechera que somos capaces de matar…¿ustedes han estado tan arrechas que han considerado el matar a alguien para tirar? ¿No? Ahhh bueeeno.

Otra razón por la cual hay manes promiscuos es porque (desgraciadamente) nuestra cultura tiende a enaltecer a la figura del donjuán que se come mil viejas mientras que no es tan amable con la vieja que se come mil manes. Yo no inventé esa doble moral y claramente veo que hay un problema de “equidad sexual” en ese caso, pero analicemos la discusión como tal…¿es tan injusta como parece? Parafraseando al comediante australiano Jim Jeffries “eso es totalmente justo; porque para comerse mil viejas hay que ser atractivo, inteligente, encantador, interesante, saberse vestir, tener un buen trabajo, dinero, un auto lujoso y muchas cosas más…en cambio si una vieja se quiere comer mil manes solo tiene que estar ahí”.
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(Jim Jeffries, ¿comediante alcohólico o genio filosófico?…Comediante alcohólico, pero chequéenlo que es la verga.)

Infinidad de veces he visto como una mujer se hace en la barra de un bar para que a los 30 segundos le caigan decenas de hombres dispuestos a hacer todo tipo de malabares y gastar fortunas en alcohol para posiblemente convencerla de que se acuesten con ellos, por lo menos en un futuro cercano. ¿Qué le pasaría a un tipo si se hace solo en la barra de un bar? Todos pensarían que es un alcohólico apestoso, o peor, si es feo, un violador. Hay que aceptar que ustedes la tienen mucho más fácil a la hora de elegir pareja mientras que a nosotros nos toca es sudar la camiseta. No por nada cuando una llave abre cien cerraduras es una “llave maestra” pero cuando una cerradura la abren mil cien llaves es una “cerradura de mierda”.

La última razón que se me ocurre cuando pienso en el por qué de la promiscuidad de los hombres es la más sencilla: nos encanta tirar. Nos gusta tanto que aquellos días en donde por x o y motivo se alinean las estrellas y una fulana quiere hacerlo con nosotros ni nos lo podemos creer. Primero pensamos que hay (perdonarán el juego de palabras) “gato encerrado” y luego inmediatamente compramos el baloto porque ese debe ser nuestro día de suerte.

Por eso es que también es infinitamente más meritorio cuando un tipo rechaza a una mujer porque, digamos, tiene novia, que cuando una mujer rechaza un tipo. Claro, a ustedes también les encanta tirar, solo que a ustedes les ofrecen verga TODO el día, TODOS los días desde que les salieron tetas; así que perdonarán si no me parece la gran hazaña que echen una a un lado.

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  1. Las tiras comicas de los periodicos de los lunes a sabados aparecieron totalmente en color desde el 7 de junio de 1999 .

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