Pirobos vs Guisos

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Los que hayan seguido este blog con regularidad habrán visto que alguna vez escribí un artículo sobre la contienda de dos famosos seres de la cultura popular llamado “Grillas vs. Princesas”. Naturalmente, la acalorada crítica por parte de mujeres que, o bien se sintieron identificadas o bien sencillamente concluyeron (acertadamente) que soy un troglodita descerebrado no se hizo esperar y pronto tenía gente completamente desconocida (y que me desconoce completamente) espetándome insultos a través de diferentes redes sociales.

Fue genial.

Así que, como quien grita “¡ladrón!” en Sanandresito únicamente para ver acción, les presento este irresponsable y políticamente incorrecto artículo que se podría leer como la segunda parte de “Grillas vs Princesas”…a continuación, Pirobos Vs Guisos.

Un guiso adopta su apodo del aderezo para comida típica del mismo nombre. Y antes de que se pregunten si llamarlos guisos es apropiado, solo recuerden que guiso es lo que vulgarmente chorreamos sobre la papa criolla. Ya con esto deberían tener una imagen visual de cómo debería ser un personaje guiso, pero para todos aquellos fifís que nunca se han ido de rumba a un sitio con espejos y luces neón, elaboraré un poco más.

Un guiso es aquel galán de barrio que aunque no tiene plata para la manutención de sus dos hijos de dos madres distintas, siempre anda comprando accesorios para su Mazda 6, cadenas de “oro golfi”, celulares de último modelo y lociones de contrabando; porque ¿quién tiene tiempo para responsabilidades cuando puedes lucir, oler, y manejar como un extra de “Rápido y Furioso”? Ah, porque eso es lo que les gusta a las hembritas, claro.

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(Damas y caballeros…el guisomóvil)

El guiso es de naturaleza fantoche y esto se extiende a la forma en la cortejan a una dama que les interese. Por eso a la hora de vestir solo tienen una regla: entre más grande el logo de la camiseta, mejor. Así es, ellos se compraron una camiseta Armani Exchange cuello en V/escotado y va la madre si no van a hacer que el mundo se entere de qué marca es. Asimismo, creen firmemente en el appeal de los colores brillantes, pues los vuelven imposibles de ignorar para el sexo opuesto o cualquier persona no daltónica y con un ápice de buen gusto. Es el arte de comunicarse con sus posibles parejas sin haber pronunciado palabra.

Pero por si acaso, el guiso también tiene re claro cómo hablarle a sus mujeres, a quienes trata de “cacao”, “bebé”, “reina” y demás. Pero eso sí, apenas ellas se van y se pone a hablarle a sus amigos, ahí sí las convierte en “culos”, “peluches” y “pavos”.

Tal vez la debilidad del guiso (aparte del machismo exacerbado) es la noción que tiene de que ser intenso regalando maricadas piñateras es mejor que dar un regalo esporádico, pero de corazón. Niñas, ¿cuántas veces no les dieron llaveritos, carticas de Timoteo, chocolatinas jet, pony maltas, buñuelos y demás cosas que podrían haber salido de la miscelánea de doña Clotilde? ¿No preferirían que su don Juan, por más económicamente pelado que esté, les escribiese una carta a su puño y letra diciéndoles lo que en realidad siente por ustedes antes que recibir ola tras ola de chucherías?

Para la muestra la historia REAL de una amiga a la cual le estaba cayendo un personaje de estos, quien determinó que la llave para entrar al corazón de su enamorada era dejarle en el trabajo una caja de Icopor llena de arvejas, arroz y una lechona a la cual nuestro galante caballero ya le había metido muela. Sin joder. El man le regaló los sobrados.

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(“Ahora revuelvo el arroz y jamás se dará cuenta de que me comí la mitad…es el crimen perfecto.”)

Y sin embargo, hay que admitir que los guisos también tienen su tumbado, pues hay más de una dama a la cual le encantan este tipo de hombres. Sí, son de una cursilería abominable y tengan por seguro que si les dedican una canción, va a ser de salsa motelera, pero así y todo ligan. Tal vez sea porque se tienen un exceso de confianza y nunca temen decir lo que traigan en la cabeza, así esto no sea más que aire caliente. Sea por la razón que fuese, son especialmente exitosos con las mujeres estrato 10, a las cuales poseen con el desenfreno de un niño etíope en un buffet, porque para ambos puede ser la ultima vez que coman así.

Por su parte, si usted no está familiarizado con la jerga valluna creerá que pirobo se refiere únicamente al termino despectivo para un homosexual, pero tengo entendido que solo en el eje cafetero se da este caso. Ahora, para fines de este artículo aclaro que “pirobo” alude a lo que en otras regiones llaman “gomelo” y otros países “fresa” o “pijo”. Es decir, un chico de la “alta sociedad” que goza de un gran poder adquisitivo (del cual le encanta hacer alarde) y habla con una especie de papa en la boca en un dialecto que todos conocen como “espanglish” pero que él probablemente llama “colombian chic”.

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(“Ricky Ricón, el primer pirobo animado”)

Es que el hablado es esencial a la hora de detectar un pirobo, pues es un dialecto excluyente que únicamente se deja descifrar por oídos que, como mínimo hayan viajado a Miami; ya que aparte de construirse con base en el uso constante de anglicismos, también goza de una cadencia particularmente sosa, caracterizada por frases ultra abreviadas. Ejemplo: “´Ríca, l´otr da mvi cn Pli g´n y m l´rmbe dlsoso g´n” (“Marica, el otro día me vi con Pili, guevón, y me rumbié delicioso, guevón”). Esa es la otra cosa, todo pirobo sin importar de qué parte del país sea, debe comenzar y finalizar las frases con “marica”, “guevón” o ambas.

El pirobo siempre quiere comprobar que él NO es un pirobito mimado y por esto tiende a ser medio aletoso cuando se toma tres guaros; pero casi nunca va más allá de injuriar a su oponente porque a fin de cuentas a lo único que le pega un pirobo es a la perica y lo más cercano que ha estado de ser “calle” es ese concierto de Choquibtown en esa discoteca del centro que igual estaba reservada únicamente para la facultad de Administración de su universidad. Porque es ahí donde el pirobo conoce a sus chicas y puede pavonearse al ciento por ciento, en las rumbas.

Los pirobos rumbean hardcore (como lo dirían ellos) y nunca salen de los sitios más caros de la ciudad así la rumba ahí sea una mierda porque fuera de esos lugares hay gente desconocida para ellos y eso lo asusta un cojonal. Porque verán, un pirobo vive rodeado toda la vida de la misma gente. Los amigos del jardín son los mismos amigos del colegio bilingüe, luego de la universidad en Boston (la Meca del pirobo criollo) y luego de la oficina en la empresa multinacional.

Pero como los guisos, también son capaces de levantarse sus buenas chicas por diferentes razones. Por ejemplo, un pirobo cuida mucho de su apariencia. Viste a la moda y por lo general se encuentra en muy buena condición física (esto hasta sus treinta y tantos años cuando descubre con horror que levantaba más por la plata que por cualquier otra cosa, por lo cual de ahí en adelante se dedica a tener más dinero mientras va quedándose calvo y gordo…pero con Ferrari). También son cultos y bien hablados, lo cual le sirve a la hora de ligar con chicas de estratos socioeconómicos más bajos, deslumbrándolas con una vida que jamás estarán dispuestos a darles luego de que se las coman porque “que boleta que papi y mami me vean con esa yorda”.

Después de semejante análisis de estos polos opuestos masculinos, ustedes se estarán preguntando qué soy yo…si pirobo o guiso. Pues para responderles la pregunta, creo que soy una amalgama que combina lo peor de ambos personajes.

Ya se imaginarán el adefesio.

@Kikosoto

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Jonathan dice:

    Jajajajajajajajaja Buen articulo

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