Por qué amo Tinder

ztqjkdyi

Los tiempos cambian. La tecnología ha extinguido la paciencia de la gente hasta el punto en el que ahora queremos todo para ya: la tele sin comerciales, la calentada en microondas, los libros resumidos y los blogs bien corticos. Por eso creo que Tinder puede ser los mejores inventos de los últimos tiempos.

Para los que hayan tenido sus cabezas culo arriba durante los últimos meses, Tinder es una aplicación de “citas” que anda en pleno furor. La dinámica es sencilla: armas un perfil con tus fotos más engañosamente sexis, filtras unas preferencias para que no te salgan bebés o ancianos y en cuestión de minutos ya estas surfeando entre fotos de posibles candidatas a tus afectos como quien pasa laminitas del mundial buscando el escudo para llenar el álbum.

Luego le das un “me gusta” (cuyo botón está en forma de corazón cuando en realidad debería estar en forma de pipí) a cuanto moscorrofio aparezca hasta que finalmente algún bagre muerde el anzuelo y la aplicación te notifica que tú también has logrado embaucar a una pobre tonta que no sabe reconocer el photoshop.

6055
“Es que me afeité, entonces me veo más pollo”.

Entonces comienza lo bueno pues Tinder permite que se empiecen a chatear y, como ya saben que por lo menos hay atracción física, los coqueteos fluyen a la velocidad que solo te podría dar una botella de tequila; y antes de que alguien puede decir “¿segura que eres tú la de la foto?”, ya están saliendo en una cita.

Pero las citas tampoco son como citas normales…oh no, no, no. Como ya hubo constancia de que se atraen y ya han venido hablando (probablemente sucio) durante días, las citas tienen muy poca probabilidad de terminar catastróficamente. Mejor dicho, si cagarla en una cita normal es jugar mal un partido de fútbol, entonces no ligar con alguien que conociste por Tinder es botar un penalti. Las cosas no podrían ser más claras si la aplicación se llamase “a lo que vinimos, pues”, y esto me parece absolutamente GENIAL.

8g4x2

En este mundo tan acelerado ya nadie tiene tiempo para la vieja estructura de “chico conoce a chica, chico corteja a chica durante un largo tiempo, chica le da un pico infantil al chico”. No, las vertiginosas exigencias de la sociedad actual han permitido que exista Tinder, y este a su vez ha hecho posible que se creen relaciones sin toda esa mierda de “conocer” a la otra persona (que igual está sobrevalorada).

Tinder llegó al mercado como una especie de Blackberry Messenger, solo que esta vez se dijo explícitamente que era un programa para ligar. Y la verdad, me da pesar por todos aquellos a los que no les alcanzó a tocar y tuvieron que valerse de formas más arcaicas para conocer miembros del sexo opuesto; como por ejemplo Myspace o (Dios no quiera) acercársele a una desconocida en una rumba y hablarle.

Deja un comentario