Al que le van a dar, le guardan.

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Refranes. Dichos. Proverbios populares. Llámense como se llamen, siempre me fascinaron. Aquellas compactas joyas de sabiduría presentadas a través de axiomas discutibles que sucumben ante el más mínimo análisis. Estoy seguro de que el que opinaba que “regalado, hasta un balazo” nunca le obsequiaron uno, como también sé que la persona que dijo “más rápido cae un mentiroso que un cojo” no conocía algunas figuras políticas de este país, que aunque cogen en mil mentiras, nada que se caen. Pero hay una máxima entre toda esa sarta de patrañas que, me he dado cuenta a través de los años, sí es ciento porciento verídica: “Al que le van a dar le guardan… y al que no, ni haciendo fila”.

¿No te queda claro el refrán aún? Relajado, déjame ilustrártelo con un ejemplo.

¿Te acordás de esa pelada que te encantaba y a la cual vos ilusamente le caías, pensando, “nada, ya en esto cae en cuenta de que le gusto”? ¿esa pelada que no te lo iba a dar jamás y que de hecho solo meeeedio te paraba bolas porque vos solo meeeedio le gustabas? Cómo olvidarla si había días en los que la vieja te hacía unas chimbadas terribles y vos jurabas que esa era LA ÚLTIMA VEZ que salías con ella; pero como la dignidad de un hombre arrecho desaparece más rápido que raponero de Transmilenio, la próxima vez que te llamaba ahí estabas vos, firme como la gelatina. Ahora, ¿te acordas cuando después de perder todo ese tiempo llegó otro man, le dijo dos cosas y se la cuadró? Pues a él sí le guardaban, a vos no te lo daban ni con fila. Lástima que todo el mundo parecía saberlo menos vos. Qué, ¿nunca te pasó? Sí…a mi tampoco.

Pero este fenómeno no es limitado únicamente a relaciones, piensen en casi cualquier otro aspecto de la vida y el dicho sigue aplicando. Por ejemplo, ¿cuántas veces han pasado por mil pruebas, formado parte de largos y arduos “procesos”, o charlado infinitas horas con algún lelo de recursos humanos únicamente para que le den el trabajo a algún desechable que se presentó tarde y solo entrevistaron una vez durante diez minutos? Es el típico caso del ludópata que se pasa años llenando un tragamonedas con su dinero para que llegue un novato y se lleve el premio mayor durante su único día de ausencia; o la sorprendente anécdota que no puede faltar del atleta súper saludable que se muere arrollado por un carrito de paletas u otra forma así de ridícula.

Este refrán es mi favorito porque aunque aparenta ser banal en realidad propone de cierta forma la existencia de algo mucho más complejo, la noción de que, gústenos o no, existe el destino y estamos sujetos a lo que se nos haya dispuesto. Pero frescos que todo va a estar bien siempre y cuando seámonos nosotros a los que se nos está guardando y no las tetas que hacen la fila en vano.  Ahora ¿cómo saber dónde se ubica uno? Pregúntense ¿le estoy caminando a alguien que no me para bolas?…

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. catalina dice:

    por fin pacho te encontre ahora a leer

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