El “hobby”

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“¿Estudiaste literatura? Ahh muy bacano, pero pues, yo no le hubiera dedicado mi vida a un hobby.”

La lapidaria frase de esa fulana, desconocida para mi pero no para el colega al que fue dirigida, retumbó en mi mente durante horas.

Mierda. Sospechaba que haber estudiado literatura había sido un error pero no sabía que era tan evidente para los demás. ¿Un hobby? Bádminton es un hobby. Playstation es un hobby. Hacerse la paja es un hobby, pero ¿estudiar literatura? ¿leer? ¿leer para ser escritor algún día? ¿es eso un hobby?

Short answer: “yes” with an “if”; long answer: “no” with a “but”.

Durante un rato estuve pensando en la frase y en el cómo podría ser que ciertas personas vieran lo que estudié, a lo que me dedico y mi más grande aspiración como un pasatiempo. Obvié el evidente hecho de que la mujer que le dijo la infame frase a mi colega no tiene la menor idea de lo que significa estudiar literatura; pues si para ella estudiar literatura es dedicarse a un hobby, entonces economía debe ser jugar Monopolio. El hecho es que eventualmente y con mucho esfuerzo me puse en los zapatos de la desconocida y fue aquí cuando di con una epifanía: esta mujer, (una abogada, si mal no recuerdo) no entiende el concepto de hacer lo que a uno le apasiona para ganarse la vida.

Esa es la única explicación lógica que le veo. A lo mejor podría ilustrarle lo que esto significa diciéndole que se imagine un futuro en donde ella podría ganarse la vida comiendo pegante, pero al no conocerla temo que jamás le llegará esta información

Concluí que en el imaginario de esta fulana los trabajos deben ser arduos, mamones, llenos de jefes insoportables, cubículos, presentaciones en powerpoint y vacaciones colectivas y me deprimí un poco. ¿Por qué se le hacía extraño el haberle dedicado la vida a perseguir un sueño? ¿Hay acaso alguna otra forma de vivir?

Siempre he pensado que es el deber moral y cívico de todos aquellos que no nos encontramos en apremiantes circunstancias económicas el tratar de alcanzar nuestros sueños, cueste lo que nos cueste, si no por convicción propia entonces por honrar a todos aquellos que quisieran vivir de algo más cercano a su corazón pero por alguna razón no pueden. Cualquier otra cosa es, a mis ojos, una pérdida de vida.

Claro que los que vivimos de hobbies también tenemos que pasar malos ratos. Vamos a lidiar con una competitividad feroz, con mucha angustia, con petardos que no entienden por qué escogiste trabajar en lo que te apasionaba y no en algo muchísimo más lucrativo. Pero eso no nos importa mucho. Nos gusta el dinero, por supuesto, pero entendemos que hay sacrificios que vienen con el territorio. Que los Rolling Stones, los Falcaos, los Tarantinos y los García Márquez no se hicieron de la noche a la mañana; que a ellos también les tocó comer mierda en trabajos como los del imaginario de la fulana para poder hacer lo que querían con su vida.

Así es que cuando me vea obligado a servirle el latte deslactosado a algún ejecutivo hijo de puta que ha tenido un mal día y me trató como un culo porque olvidé echarle splenda a su bebida, iré sonriendo, no porque le haya escupido en su café (eso también) sino por que sin importar a donde me lleve la vida sabré que por lo menos, a diferencia de tantos (tal vez incluso de ese mismo ejecutivo), le dediqué mi vida a un hobby.

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