La balada del independiente

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Ya está. Te mamaste de hacerle plata a una compañía que jamás va a valorar realmente tu trabajo y que además pone a gente incompetente en puestos más altos que el tuyo. “Pfff”, espetas, “yo debería montarle la competencia a estos idiotas y armar mi propia empresa, o mejor aún, irme de freelance para que ahí sí me lluevan las ofertas de todas las compañías del sector que podrían beneficiarse de mi indudable talento”. Y se te enciende el bombillo. ¡Volverse independiente! ¿Por qué no? ¡Será toda una aventura! Además a tu amigo el publicista/periodista/artista chocoloco le va súper bien de esta forma y vive parchadísimo. Entonces renuncias a tu trabajo mandando a la mierda a tu jefe, jactándote de que se volverán a ver muy pronto, cuando tu seas el asesor más teso del mundo y ellos tengan que rogarte para que les hagas un trabajo.

Y luego te vuelves “independiente”.

Pobre de ti.

(Siempre quise renunciar así)

Para todos aquellos que estén pensando en “independizarse” montando su propia empresa o “freelanceando”, déjenme romperles la burbuja fantasiosa que se armaron trabajando en las penumbras de su antigua oficina y contextualizarlos con el mundo real, que no es para nada como la gente cree.

La gente cree que como soy independiente me paso el 90% de mi tiempo rascándome las bolas, jugando videojuegos y fumando bareta (y esencial lo de fumar bareta porque según todos si soy independiente es porque soy un hippie de mierda). La gente también jura que las dos o tres horas al día en las que trabajo, lo hago desde mi casa o en Disneylandia u otro mágico lugar en donde todo es alegrías, arcoíris y cataratas de chocolate; y por si fuera poco, la gente piensa además que como no tengo un jefe no sé lo que es aguantarme a un pirobo que me dé órdenes. Mejor dicho, la gente es muy tarada.

Como sabrán mis colegas independientes, la realidad es casi la antítesis de aquella idea utópica a la cual acabo de aludir. Porque ser independiente en verdad significa tener que trabajar a CUALQUIER HORA de CUALQUIER DÍA, llamase domingo, navidad o año nuevo. Todo esto porque no tienes a uno, sino a docenas de “clientes” (léase “jefes”) a los que tenes que lambonearles en el momento en el que te tiran sus “súper ideas” de cómo “mejorar” el proyecto en el que les estás trabajando. Y claro, puedes trabajar desde tu casa, siempre y cuando no te distraigas viendo televisión, organizando tu closet, guevoneando en internet, durmiendo, comiendo, paseando a tu perro, parchando con amigos, jugando XBOX, etc, etc, etc. Entonces te figuró o pagar una oficina con plata que no tienes o irte a camellar a un Juan Valdéz en donde si te distraes te roban la maleta con todo y computador. ¿Cataratas de chocolate? Mis polainas.

Es que nadie te lo dice, pero ser independiente viene con muchos divertidos extras como preocuparte por pagar tu salud, encontrar un fondo de pensiones que no te saque un ojo de la cara y por supuesto, no dejarte culear por las satánicas “retenciones” que le van a hacer a tus pagos. De hecho, hay tantas cosas de las cuales hay que estar pendiente al ser independiente que sería más apropiado dejarse de eufemismos y llamarse “putamentependiente”.

En cambio, nuestros amigos asalariados solo deben tener una cosa en mente: “que no me despidan”. Mucho más simple, ¿no lo creen?

Pensémoslo así: el desempleo es un oso que de vez en cuando se suelta en un lugar lleno de gente. Cuando los asalariados se enfrentan a esta amenaza, únicamente tienen que correr más rápido que el más lento de sus compañeros de trabajo; pero cuando el oso del desempleo se abalanza sobre los independientes, estos tienen que darle en la jeta a como de lugar. A veces, mes a mes.

Está bien, solo utilicé esa analogía para darle pie al video. Es cagada, acéptenlo.

Así que tengan en cuenta que el ser independiente solo te vuelve dependiente de muchas otras cosas a las que no tendrías que ponerle cuidado si tuvieses la estabilidad de un trabajo fijo. Sí, tenes que marcar tarjeta todos los días y a un jefe respirándote en la nuca, pero por lo menos no vas a tener que parir piñas porque tu cliente estrella decidió recortar gastos este año y contratar a un hijo de su puta madre que se regala haciendo lo mismo que tú.

Si incluso después de esta advertencia aún tienen ganas de independizarse laboralmente, tengan en cuenta esto: uno se hace independiente para volverse rico, pero paradójicamente la única forma en la que se alcanza la independencia real es si no te importa el dinero.

Medítenlo un rato, pequeños saltamontes.

@kikosoto

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Angela dice:

    Me encantan tus historias y esta esta súper jejeje la pintaste como es

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