La parranda matrimonial

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Los que me conocen dirán que soy la persona menos calificada para hablar de matrimonios, después de todo saben que una vez dije que casarse joven era como graduarse tarde porque la gente te felicita pero por dentro están pensando “mucho idiota”. En la mayoría de los casos, estas personas estarían en lo cierto. Pero hoy no pienso hablar de las relaciones matrimoniales (un tema que admito me elude), sino de la ceremonia matrimonial como tal. Verán, últimamente he tenido que asistir a varios matrimonios en seguidilla y me he formado una que otra opinión al respecto que ahora quiero compartir con ustedes. Así que sin más preámbulos, aquí van las 10 recomendaciones que les doy a aquellos que estén pensando en su fiesta matrimonial.

1. En las misas siempre leen los mismos pasajes bíblicos, ¿Por qué no ser más originales? En mi matrimonio quiero que lean del libro del Apocalipsis. No solo es más apropiado dado el calvario que será mi vida matrimonial sino que también es mucho más entretenido que, digamos, Corintos. “… apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra.” ¿No es eso mucho más bacano que “el amor es paciente, es bondadoso…”?

2. Otra cosa, ¿por qué nadie se pone a improvisar con la canción nupcial? Cuando entre mi esposa, quiero que suene la música de Darth Vader.

3. No hagan esos matrimonios de 200+ personas. Estadísticamente, ahí TIENE que haber alguien que te cae como un culo. No es suficiente con que los novios sean los que menos disfrutan la fiesta, de repeso tenes a un fulano que has tratado dos veces en tu vida comiendo y emborrachándose a cuenta tuya. La chimba pues.

4. Si lanzan el ramo y lo coge una vieja que sea fea y soltera, deberían volverlo a lanzar. No vale la pena acabar con la ilusión de niñas que sí tienen posibilidades de casarse en el futuro cercano porque algún engendro tiene mayor alcance.

5. Nada de invitar a ex novi@s a la boda. No importa si terminaron “super bien” y ahora son dizque “amigos”. Si te estas casando más vale que la única persona que te hayas comido en el sitio haya sido tu marido/esposa. Punto.

6. Hacete un favor, no seas esa hijueputa que se pone un vestido “cuasi-blanco”. Nadie puede ver la diferencia entre el blanco de la novia y tu vestido “color nube”; en cambio lo que sí pueden ver es a una maldita envidiosa que necesita ser el centro de atención a como de lugar.

7. Para los matrimonios en tierra caliente: el término “guayabera formal” es un oxímoron. Sepan que están confundiendo a sus invitados con sus acertijos de vestuario y que más de uno va a llegar mal vestido.

8. No tendrá mucho que ver con la ceremonia pero, ¡¿qué es esta moda de que los manes ya no quieren tener despedida de soltero?! ¡La despedida de soltero es el último bastión de la tradición varonil! Mejor dicho, si te vas a casar y no queres tener despedida de soltero, castrate de una vez para que tu esposa literalmente tenga tus cojones en la cartera ya que simbólicamente se los entregaste hace rato.

9. No quieren ser el matrimonio en el que irrumpió la ambulancia para llevarse al pobre pendejo que no sabía que era alérgico a los mariscos. Entiendo que al darme langosta estás ostentando lo ricachón que eres, pero hay otras formas…mejor trago, por ejemplo.

10. Ya que hablamos de trago, si no hay barra libre en tu matrimonio, andate pal carajo. Un matrimonio sin cantidades estúpidas de trago es como ir a la plaza de toros sobrio: sin el trago que me idiotice lo único que veo es un espectáculo horroroso en donde un animal está perdiendo la vida ante una persona vestida demasiado extravagantemente como para estar cómoda. Además ¿cómo mierda voy a bailar la macarena con tu tía si no estoy hincho de la pea? Pónganse serios, den mucho trago.

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